El retail como juez del nuevo modelo de productos de consumo

Los fabricantes ajustan su catálogo de productos, precios y decisiones, pero es en el punto de venta donde se comprueba si todo funciona.

Este año 2026 se perfila como un punto de inflexión para las industrias de productos de consumo y su relación con el retail. No por una disrupción concreta, sino por la acumulación de tensiones que ya se dejan sentir en el mercado. Los consumidores son más exigentes, hay más presión sobre los márgenes y un margen de error más estrecho. Todo ello obliga a fabricantes y distribuidores a afinar decisiones que antes podían resolverse con volumen o precio.

Éste es el marco que plantea el 2026 Consumer Products Industry Global Outlook de Deloitte, un informe que analiza la evolución de sectores como alimentación, cuidado personal y productos para el hogar. En concreto, la consultora lanza varias señales claras para el retail.

El consumidor cambia y el retail lo percibe primero

Una de las conclusiones más claras del informe es la transformación en el criterio de compra del consumidor. Tras años de inflación y ajuste del gasto, el precio sigue siendo importante, pero ya no es suficiente por sí solo. Lo que pesa más ahora es el valor percibido, es decir, una combinación de utilidad, calidad, formato y coherencia con el uso real del producto.

Este cambio se manifiesta antes que nada en el punto de venta. El retail actúa como termómetro, detectando caídas de rotación, mayor sensibilidad a determinados formatos y un comportamiento más selectivo ante promociones. Para fabricantes y distribuidores, entender esta lógica es clave para sostener ventas sin reducir márgenes.

Menos catálogo, más foco

Otro de los mensajes relevantes de Deloitte es la necesidad de simplificar portfolios. Muchas compañías de productos de consumo están revisando catálogos demasiado amplios, con referencias que aportan poco valor real y complican la gestión.

Para el retail, este movimiento tiene implicaciones directas. Una simplificación del surtido significa decisiones más simples sobre qué ocupa espacio en el lineal. Pero también una negociación distinta con los fabricantes: el foco pasa de la amplitud a la relevancia. Y el surtido se convierte en una herramienta estratégica más que en una acumulación de referencias.

Agilidad frente a una planificación rígida

La consultora también insiste en que, en el contexto actual, la agilidad supera a la optimización tradicional. Las previsiones a largo plazo pierden fiabilidad en un entorno marcado por la volatilidad económica y geopolítica, y aquí las organizaciones más flexibles ganan ventaja.

Traducido al retail, esto implica ciclos de decisión más cortos, capacidad para ajustar surtido y precios con rapidez y una relación más dinámica con la cadena de suministro.

La tienda y el canal digital necesitan reaccionar casi en tiempo real a cambios en la demanda, algo que exige estructuras menos rígidas y mejor uso del dato.

Precio, volumen y mix, unificados

El informe también pone el acento en un punto crítico para fabricantes y retailers: la gestión integrada de precio, volumen y mix de producto. Subir precios de forma generalizada deja de ser una solución viable cuando el consumidor compara más y reduce compras prescindibles.

En este contexto, ganan peso decisiones como el ajuste de formatos, el rediseño de gamas o la diferenciación clara entre marcas de fabricante y marcas de distribuidor. El equilibrio entre rentabilidad y percepción de valor se juega en detalles que el retail ve cada día en la rotación del lineal.

Datos e IA como infraestructura del negocio

Aunque el informe de Deloitte no presenta la tecnología como un fin en sí mismo, sí subraya la importancia de los datos y la analítica avanzada como base para tomar mejores decisiones.

Para el retail y las industrias de productos de consumo, esto se traduce en un mejor entendimiento del consumidor, una optimización de las promociones, previsiones de demanda más ajustadas y decisiones de surtido más informadas. El dato se consolida como una pieza clave para reducir ineficiencias en un entorno cada vez menos permisivo.

¿Qué implica este escenario para el retail europeo?

La situación actual de la industria no está introduciendo reglas completamente nuevas, pero sí incrementa el nivel de exigencia. El retail se convierte en el espacio donde confluyen todas estas tensiones: consumidores más selectivos, fabricantes ajustando catálogo y una presión constante sobre costes y márgenes.

Para las cadenas europeas, esto implica una mayor responsabilidad en la selección del surtido, en la construcción de valor y en la relación con sus proveedores. La eficiencia es la condición mínima para salir adelante.

Un mercado menos tolerante con el error

La industria de productos de consumo y el retail entran en una etapa donde producir, distribuir y vender sin un encaje claro con la demanda tiene un coste más alto que nunca.

En ese contexto, el punto de venta vuelve a ser central. Es ahí donde se valida si la propuesta de valor funciona o no, y donde se materializa, día a día, la distancia entre lo que se produce y lo que realmente quiere comprar el consumidor.

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