Hoy, 13 de febrero, celebramos el Día Mundial de la Radio. La fecha no es casual: un 13 de febrero de 1946 se creó la Radio de las Naciones Unidas, un hito que pasó prácticamente desapercibido durante décadas. Pero no fue hasta enero de 2008 cuando Jorge Álvarez, presidente de la Academia de la Radio de España, propuso a la UNESCO instaurar esta efeméride para reconocer el papel de la radio en la difusión de información, el entretenimiento y la educación a nivel mundial, así como su contribución a la paz y al entendimiento entre naciones. La celebración fue proclamada en 2011 y ratificada por la Asamblea General de la ONU en 2012.
Que hoy siga teniendo sentido celebrarla no es cuestión de nostalgia. Es, sencillamente, una constatación: la radio continúa siendo la plataforma de comunicación más accesible del mundo.
En un ecosistema mediático cada vez más fragmentado y saturado, la radio se mantiene como un entorno seguro (brand safe) para las marcas, especialmente en lo que respecta a la credibilidad. Con una puntuación de confianza de 5,4, la radio marca el estándar de referencia del mercado, situándose por encima de la televisión y a gran distancia de las plataformas digitales, según el Estudio de opinión pública: Confianza en la Sociedad Española 2025 de la Fundación BBVA.
Para las marcas, la radio actúa como garante de autoridad. El mensaje gana valor cuando se emite en radio, no solo por lo que se dice, sino por dónde se dice. El medio no es un factor neutro: transfiere sus atributos al mensaje. El prestigio corporativo de la radio convierte cada comunicación en un acto de confianza compartida entre emisor, canal y oyente.
Esta fortaleza no es solo cultural o histórica, también es biológica. Y en este sentido, la biología juega a favor de la radio: el cerebro humano tiende a priorizar el oído a otros sentidos. El neurocientífico Seth Horowitz explica en The Universal Sense: How Hearing Shapes the Mind (2012) que un estímulo auditivo tarda entre 8 y 10 milisegundos en llegar al cerebro, mientras que un estímulo visual requiere entre 20 y 40 milisegundos. El mensaje radiofónico impacta en el sistema nervioso del consumidor antes de que este tenga tiempo de activar sus barreras racionales o sus filtros de atención.
La neurociencia también constata la superioridad del audio en la retención del mensaje. Mientras que la memoria icónica (visual) es volátil y se desvanece en menos de un segundo, la memoria ecoica (auditiva) retiene la información durante un periodo mucho más prolongado, tal como demuestra el estudio An auditory analogue of the Sperling partial report procedure, publicado en Cognitive Psychology por Darwin, Turvey y Crowder. Estudios más recientes de neuromarketing, como el Mindshare NeuroLab (2019), confirman que el audio genera una mayor intensidad emocional y una conexión más rápida que cualquier pantalla.
Pero hoy el audio ya no es solo radio. Vivimos una expansión de la tradición oral sin precedentes. Los dispositivos digitales, lejos de sustituirla, han otorgado a la radio el don de la ubicuidad, rompiendo las barreras físicas del dial. En este nuevo escenario, la radio se consolida como motor del ecosistema de audio: las plataformas de streaming no compiten con ella, se nutren de su contenido. El 80% de los pódcast más escuchados en España son programas de radio en formato catch-up, según la Asociación Española de Radiodifusión Comercial (AERC). La radio sigue siendo la gran fábrica de contenido premium que da sentido y volumen al consumo bajo demanda.
Además, la radio se ha convertido en el mejor antídoto frente a la llamada “fatiga de pantalla”. El crecimiento del audio responde a una necesidad fisiológica del consumidor contemporáneo: descanso cognitivo y visual, compañía compatible con la multitarea, presencia sin invasión.
Y, sobre todo, fidelidad. La radio no solo se escucha, se habita. Su fortaleza se refleja en un tiempo medio de escucha de 180 minutos diarios, tres horas al día por oyente. Un nivel de compromiso difícil de igualar y que genera una ventana de atención prolongada y sostenida.
El Día Mundial de la Radio nos invita, por tanto, a una reflexión necesaria. En un contexto donde proliferan métricas infladas, atención fragmentada y entornos poco seguros para las marcas, la radio emerge como un medio refugio de credibilidad y confianza.
Mirando a 2026, esta efeméride nos recuerda el valor diferencial de la radio dentro de un ecosistema mediático cada vez más complejo. Su autenticidad, su capacidad de conexión directa y transparente con la audiencia y su apuesta por datos de audiencia contrastados y metodologías de medición consolidadas la convierten en un referente de confianza. Una confianza que sostiene, de forma inquebrantable, su vínculo con la sociedad y con los anunciantes.
Porque la radio no compite por atención efímera: compite y gana en confianza.
