Spider-Man nació en 1962 y, más de seis décadas después, continúa generando nuevas ventanas comerciales. La cadena de origen chino MINISO prepara ahora en España una colección de productos licenciados que llevará al personaje a estuches, libretas, mochilas y táperes para la vuelta al cole. Pero también habrá paraguas, gorras, tote bags y otros artículos cotidianos.
Este lanzamiento comunicado por la compañía sirve para observar un negocio mucho más amplio que el de MINISO con Spider-Man. El licensing lleva décadas formando parte del retail, pero las grandes propiedades intelectuales conservan capacidad para generar producto nuevo, cruzar departamentos y conectar con públicos de diferentes edades.
Como muestra del fenómeno, el II Estudio Coleccionismo y fenómeno fan en España de MINISO señala que, entre quienes se consideran fans de algo, cerca de la mitad declara ser fan de superhéroes. Dentro de ese grupo, las figuras coleccionables son la categoría favorita para el 54%, seguidas de juegos o videojuegos con un 51%, libros o cómics con un 49% y moda y complementos con un 40%.
Un negocio maduro que sigue creciendo
La dimensión económica del licensing confirma que no se trata de una actividad marginal. Las ventas mundiales de productos y servicios licenciados alcanzaron los 389.800 millones de dólares en 2025, un 5,45% más que el año anterior, según el Global Licensing Industry Study 2026 de Licensing International. La organización sitúa el crecimiento nominal del retail mundial en ese mismo periodo en el 4,52%.
Dentro de ese mercado, Character/Entertainment alcanzó 161.800 millones de dólares tras crecer un 8%. Anime, videojuegos, cómics, redes sociales y otras propiedades ya aportan conjuntamente una parte similar de los ingresos de la categoría a la procedente de cine y televisión.
Hablamos, por tanto, de una industria consolidada que mantiene su protagonismo y sigue incorporando nuevos universos culturales y nuevas formas de consumo. Y es que una propiedad intelectual puede materializarse en categorías muy diferentes mediante distintos productos licenciados, convirtiéndose en un eje transversal dentro de una tienda organizada tradicionalmente por departamentos.
Una misma propiedad en distintas secciones de la tienda
Primark permite visualizar esa lógica con Disney’s Stitch. Su oferta incorpora la propiedad en ropa para niños y adultos, pijamas, mochilas, botellas, artículos para el colegio, juguetes y productos de hogar. También cuenta con propuestas específicas de cosmética y belleza y con equipaje de personajes Disney. La sección dedicada a Stitch de Primark muestra cómo un mismo universo puede conectar categorías comercialmente distintas dentro de una sola cadena.
La transversalidad llega también a departamentos menos asociados tradicionalmente al merchandising. Primark comercializa, por ejemplo, productos de belleza vinculados a personajes Disney, desde accesorios hasta cosmética, y dispone de equipaje con propiedades de Disney. Esto permite que la relación comercial con una propiedad intelectual aparezca en ocasiones de compra que no dependen de adquirir un objeto de colección.
Producto licenciado no significa sólo coleccionable
Una figura puede comprarse por coleccionismo, pero una mochila, una botella, un pijama, una maleta o un neceser tienen además una utilidad concreta. El consumidor puede necesitar el producto y escoger una versión determinada porque incorpora una propiedad intelectual con la que mantiene afinidad.
El producto licenciado amplía así su terreno más allá del merchandising entendido como recuerdo o artículo para coleccionistas. Puede existir moda licenciada, cosmética licenciada, papelería, menaje, equipaje o producto para el hogar. Para el retailer, esto permite construir un universo alrededor de una licencia sin concentrarlo necesariamente en un único departamento.
El fenómeno fan ayuda a mantener parte de esa demanda, pero no garantiza la compra. Ya hemos visto cómo el fenómeno fan se convierte en consumo para el retail y el peso del consumidor adulto en el coleccionismo. Pero en el negocio de licencias aparece una pregunta diferente: ¿Cómo transformar esa afinidad en un surtido que tenga sentido dentro de cada categoría?
Una licencia conocida necesita producto nuevo
Las propiedades con décadas de reconocimiento, como Spider-Man, cuentan con una ventaja evidente. Parten de personajes, códigos visuales e historias que una parte del público ya conoce. Pero eso no convierte cualquier artículo en una venta segura. Su vigencia comercial puede renovarse mediante nuevos diseños, categorías, colaboraciones, aniversarios o acontecimientos culturales que vuelven a colocar la propiedad en primer plano.
Para un retailer también existe una diferencia entre trabajar con propiedades de reconocimiento estable y hacerlo con otras más ligadas a una ventana concreta de atención. Una saga con varias generaciones de seguidores puede admitir calendarios recurrentes de producto, mientras otra propiedad puede concentrar mayor interés alrededor de un estreno, una temporada o un fenómeno cultural específico.
En ambos casos, el calendario condiciona cuánto inventario tiene sentido asumir y durante cuánto tiempo puede mantenerse la oportunidad comercial.
Los derechos también aparecen en la cuenta de resultados
MINISO permite observar el coste empresarial de esta estrategia. En el primer trimestre de 2026, sus gastos de licensing aumentaron un 42% interanual y representaron alrededor del 2,6% de los ingresos, frente al 2,4% del mismo periodo del año anterior. La compañía relaciona expresamente ese incremento con su estrategia de desarrollo de propiedades intelectuales, según sus resultados del primer trimestre de 2026.
Éste no es un movimiento aislado dentro de sus cuentas. En el trimestre cerrado en diciembre de 2025, los gastos de licensing habían aumentado un 107% interanual y se situaban alrededor del 3% de los ingresos. MINISO volvió entonces a vincular el incremento con su estrategia de desarrollo de propiedades intelectuales. En el primer trimestre de 2025 ya había registrado un aumento del 39,6%, asociado por la propia compañía al crecimiento de su biblioteca de propiedades y a una oferta más amplia de productos vinculados a ellas.
Estos datos muestran que una estrategia intensiva en propiedades intelectuales tiene una dimensión financiera concreta. El retailer puede asumir costes de licensing junto a desarrollo, diseño, fabricación, distribución e inventario. El reconocimiento de un personaje aporta una base cultural, pero no elimina el riesgo comercial del producto.
Elegir bien las licencias
El reto está, por tanto, en la selección. Qué propiedad encaja con el cliente, en qué categorías tiene sentido utilizarla, cuánto tiempo puede durar su atractivo comercial y qué volumen de inventario admite son decisiones distintas de conseguir el derecho a trabajar con ella. Una cadena que incorpore muchas licencias sin una lógica clara también corre el riesgo de perder coherencia o reducir la capacidad de cada lanzamiento para diferenciarse.
El licensing lleva décadas formando parte del retail y seguirá haciéndolo. Lo que muestran las cifras globales, el surtido transversal de cadenas como Primark y la inversión reconocida por MINISO es la amplitud que puede alcanzar cuando una propiedad intelectual deja de aparecer en un artículo aislado y se convierte en un universo de producto.
La propiedad intelectual aporta reconocimiento y afinidad, la licencia concede los derechos para utilizarla y el producto licenciado lleva esa relación al lineal. El resultado comercial depende de lo que sucede después, elegir para qué cliente, en qué categoría, en qué momento y con qué producto merece la pena hacerlo.
