IKEA ha puesto en marcha «Verano Azul», una iniciativa que incorpora temporalmente a profesionales de sus oficinas centrales a la actividad cotidiana de las tiendas. El programa se desarrolla durante julio, agosto y la primera mitad de septiembre e incluye a empleados de distintas funciones corporativas y miembros del comité de dirección.
Según ha comunicado la multinacional sueca, durante diez días, los participantes asumen tareas reales en áreas como ventas, cajas, logística, atención al cliente, reparación, preparación de pedidos y mercado circular. La compañía busca que conozcan directamente los procesos, las necesidades de los clientes y los retos diarios de los equipos que trabajan en el punto de venta.
Formación y acompañamiento
La actividad para directivos y equipos corporativos comienza antes de llegar a la tienda. Cada participante debe completar un itinerario formativo online que incluye prevención de riesgos laborales y contenidos adaptados al área en la que desarrollará su actividad. En la primera jornada recibe una sesión de acogida, conoce las instalaciones y realiza la formación práctica necesaria.
Durante toda la experiencia cuenta además con un mentor o mentora. Este acompañamiento permite integrar a los profesionales corporativos en la operativa sin trasladar una carga adicional innecesaria a los equipos ni comprometer los procedimientos de seguridad. La asignación de funciones tiene en cuenta la experiencia de cada empleado y el área en la que puede aportar más valor.
La dirección se incorpora al trabajo diario
La iniciativa incluye a responsables de distintas áreas de la empresa. La directora financiera de IKEA, Lorena Lourido, ha destacado que la estancia permite acercarse a los clientes, a los equipos y a la realidad de las tiendas. La directora de Sostenibilidad, Eva Mengs, también ha participado en el programa y ha señalado la importancia de trabajar sin las jerarquías habituales de la oficina.
El consejero delegado de IKEA en España, Carl Aaby, pasó una jornada en el establecimiento de Leganés. Marina Areizaga, directora de esa tienda, ha explicado que el intercambio de funciones ayuda a comprender mejor las necesidades del cliente y a detectar mejoras aplicables a la actividad diaria.
Propuestas de mejora
El programa no concluye cuando el participante regresa a su puesto corporativo. Al finalizar la estancia, cada profesional debe registrar las oportunidades detectadas en una herramienta interna creada para recoger iniciativas. Las aportaciones pueden estar relacionadas con los procesos, la experiencia de clientes y empleados, la seguridad o la eficiencia.
IKEA asegura que las primeras ideas ya han comenzado a surgir durante las semanas iniciales del proyecto. La utilidad del programa dependerá de la capacidad de la organización para revisar esas observaciones, asignar responsables y convertir las propuestas seleccionadas en cambios medibles. La inmersión adquiere así una finalidad operativa y no queda limitada a una actividad puntual de conocimiento interno.
Menos distancia entre oficinas y tienda
Uno de los objetivos declarados por la compañía es reducir las barreras entre departamentos. En retail, una decisión tomada desde una oficina central puede afectar a la reposición, la preparación de pedidos, las cajas, la atención posventa o el recorrido del cliente. Pero trabajar dentro de esos procesos permite observar cómo se aplican las instrucciones y qué dificultades aparecen durante una jornada real.
La experiencia también abre un canal de intercambio en sentido contrario. Los empleados de tienda pueden trasladar su conocimiento a profesionales con capacidad para intervenir en sistemas, procedimientos, inversiones o planificación. La presencia de un mentor es importante para ordenar ese aprendizaje y evitar que la visión del participante se base únicamente en episodios aislados.
