La última milla también se muda a la costa para entregar donde veranea el cliente

Las vacaciones desplazan temporalmente la demanda y obligan a adaptar rutas, capacidad de reparto y alternativas de entrega.
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GLS

En verano, el cliente puede cambiar Madrid por Dénia, Zaragoza por Salou o Sevilla por Punta Umbría durante unas semanas. Pero sus compras online pueden acompañarle. Para la última milla del e-commerce, ese desplazamiento tiene consecuencias.

Por ejemplo, SEUR reconoce que durante los meses de vacaciones aumenta significativamente su actividad en las zonas de costa y aplica temporalmente un suplemento por «Destino Tensionado» en aquellos puntos donde detecta mayor demanda, según explica la compañía.

Durante buena parte del año, la dirección de entrega de un comprador puede ser relativamente estable. Domicilio, oficina, locker habitual o punto de recogida cercano forman parte de una rutina conocida. Pero las vacaciones rompen ese patrón. El consumidor puede trasladarse a una segunda residencia, una localidad costera, una isla u otro destino y continuar comprando desde allí. También puede marcharse después de haber hecho un pedido y encontrarse fuera cuando llegue el paquete.

La última milla también tiene temporada alta local

Cuando ese movimiento alcanza a las entregas, una red diseñada para atender una determinada distribución territorial tiene que responder durante pocas semanas a un mapa diferente. Puede cambiar el volumen que reciben algunas delegaciones, la densidad de ciertas rutas, la capacidad necesaria para repartir y la utilidad de alternativas al domicilio.

La dificultad se añade a la creciente presión del e-commerce sobre la última milla en las ciudades. Además, el verano introduce otra variable: la presión puede desplazarse hacia territorios que durante el resto del año tienen una intensidad diferente. Esto obliga a la logística a ajustar su capacidad durante un periodo relativamente corto.

Cambiar el destino tiene límites

Desde el punto de vista del cliente, modificar una entrega puede parecer tan sencillo como indicar dónde se encuentra ahora. Pero la red logística tiene más restricciones.

GLS permite redirigir determinados paquetes y escoger alternativas como un Parcel Shop, pero establece condiciones concretas. El destinatario puede solicitar otra dirección si se encuentra dentro del mismo código postal. Si quiere cambiar a un código postal diferente, debe contactar con el proveedor o remitente para que este solicite la modificación, según las condiciones de redirección de GLS España.

Este ejemplo muestra que flexibilidad de entrega no equivale a libertad absoluta para mover un paquete cuando ya está dentro de la red. Reorientar una entrega dentro de su zona prevista es una operación distinta de enviar a cientos de kilómetros un pedido cuyo destino inicial estaba en otra ciudad.

Una dirección que no necesita ser una vivienda

Los puntos de recogida y lockers adquieren un uso particular en este contexto. Correos cuenta con Citypaq, una opción para enviar y recibir compras durante las vacaciones, incluso cuando el usuario necesita pedir un producto y no dispone de una dirección fija en el lugar donde se encuentra. La compañía permite seleccionar una taquilla como punto de entrega cuando esa opción está disponible en el proceso de compra, según explica en su información sobre el uso de Citypaq en vacaciones.

Actualmente, Correos sitúa Citypaq en lugares como supermercados, gasolineras y centros comerciales, además de otros emplazamientos de tránsito.

La utilidad está menos en el funcionamiento del locker, que TNR ya ha abordado al analizar el crecimiento de los , y más en separar la recepción de la necesidad de esperar en una vivienda concreta.

La infraestructura OOH, con puntos de recogida y lockers, tiene ya una escala considerable. Y esa capilaridad puede adquirir un valor especial cuando una parte de los clientes deja temporalmente su entorno habitual.

La devolución también tiene que encontrar al cliente

Pero el recorrido logístico no termina necesariamente cuando llega el pedido. Porque un comprador puede recibir un producto durante sus vacaciones y necesitar devolverlo antes de regresar.

Por ejemplo, Correos permite realizar devoluciones mediante su red Citypaq cuando la tienda ofrece esa modalidad. InPost también permite utilizar Puntos Pack y Lockers para determinadas devoluciones de e-commerce.

La logística intenta seguir al consumidor

El e-commerce ha reducido la importancia del lugar desde el que se realiza una compra. Una persona puede comprar desde su domicilio habitual, una segunda residencia o cualquier destino donde pase unos días. La última milla, en cambio, sigue necesitando una localización física precisa, capacidad disponible y una ruta capaz de llegar hasta ella.

Ahí está el reto que deja visible el verano. Los 140 códigos postales tensionados de SEUR muestran que la estacionalidad también modifica el mapa logístico. Redirecciones, puntos de recogida y lockers aportan alternativas, pero la cuestión de fondo es adaptar una red física a un consumidor cuya ubicación cambia.

Si la compra digital puede acompañarle durante las vacaciones, la logística tiene que conseguir que la entrega, y cuando sea necesario también la devolución, pueda seguir el mismo camino.

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