La industria alimentaria identifica la inteligencia artificial como la tecnología con mayor capacidad para transformar el sector, pero su implantación todavía avanza condicionada por los costes, la madurez digital y la falta de capacidades internas. Según el I Barómetro sobre la transformación e innovación en la industria alimentaria, elaborado por Expo FoodTech y Pick&Pack for Food Industry en colaboración con AZTI, el 72,2% de los profesionales de la cadena de valor alimentaria considera que la IA será la tecnología con mayor impacto en los próximos tres años.
El dato refleja una apuesta clara por la automatización, la digitalización y el uso avanzado de datos, pero también muestra una brecha entre expectativa y adopción real. El 59,7% de los encuestados cree que la industria tiene un grado medio de digitalización y sólo el 9,7% la sitúa en niveles alto o muy alto. La tecnología aparece como prioridad estratégica, aunque el sector sigue operando con barreras económicas, organizativas y de talento que ralentizan el cambio.
La IA, tecnología de referencia
La inteligencia artificial aparece por delante de otras herramientas llamadas a modificar la industria alimentaria. El 72,2% de los profesionales la señala como la tecnología con mayor impacto en la evolución del sector durante los próximos tres años. Por delante de la analítica predictiva, citada por el 40,3%, y de la robótica avanzada, con un 34,7%.
El barómetro recoge además que la IA ya se está aplicando a áreas concretas de la actividad industrial. Entre ellas, la optimización de procesos productivos, la predicción de la vida útil de los alimentos, el control de calidad mediante visión artificial y la reformulación de productos para mejorar su perfil nutricional.
Así, la IA se presenta como una herramienta que conecta producción, calidad, I+D y respuesta al consumidor. Puede ayudar a reducir errores, anticipar desviaciones, acelerar desarrollos y ajustar productos a nuevas demandas. Pero para que ese potencial se traduzca en competitividad, la industria necesita datos fiables, procesos preparados y equipos capaces de integrar la tecnología en la operación diaria.
Una digitalización todavía a medio camino
El entusiasmo por la IA convive con una percepción contenida sobre el nivel tecnológico del sector. La mayoría de profesionales sitúa la digitalización de la industria en un nivel medio, mientras que una minoría la considera alta o muy alta. Esa valoración también se traslada a las propias organizaciones: el 41,7% califica su madurez digital como media, el 29,2% como alta y el 13,9% como baja.
El área donde más se reclama avanzar en la transformación tecnológica es producción, señalada por el 58,3% de los encuestados. Le siguen calidad y seguridad alimentaria, con un 43,1%, y desarrollo de producto e I+D, con un 30,6%.
Para la cadena alimentaria, esta diferencia es importante. Porque modernizar producción permite ganar eficiencia, reducir mermas y mejorar planificación. Reforzar calidad y seguridad alimentaria impacta en trazabilidad, control y confianza. Avanzar en I+D facilita responder antes a tendencias de salud, conveniencia o sostenibilidad.
La transformación tecnológica atraviesa, por tanto, tanto la fábrica como el lineal.
Los costes son el principal freno
La barrera más visible es económica. El 40,3% de los profesionales identifica los costes de inversión como el mayor obstáculo para implantar más digitalización, por delante de la cultura organizativa, con un 23,6%, y la falta de talento especializado, con un 15,3%.
Esta dificultad se enmarca en un contexto de presión más amplio. El 55,6% de los encuestados señala los costes operativos y energéticos como el principal desafío actual de la industria alimentaria. Por delante de la circularidad y la gestión de residuos, con un 27,8%, y la sostenibilidad y la descarbonización, con un 23,6%.
La consecuencia es que muchas compañías tienen que decidir dónde invertir primero. La IA, la automatización o la analítica pueden generar mejoras de eficiencia, pero exigen inversión inicial, integración con sistemas existentes, formación y cambios de proceso. Pero para pymes industriales o empresas con márgenes ajustados, ese coste puede retrasar proyectos incluso cuando la utilidad de la tecnología está clara.
La cultura interna también pesa
El barómetro sitúa la cultura organizativa como la segunda barrera para avanzar en digitalización. Y es que la transformación tecnológica no depende sólo de comprar soluciones. También exige modificar rutinas, compartir datos entre áreas, revisar responsabilidades y aceptar que algunas decisiones pasen a apoyarse en modelos predictivos o sistemas automatizados.
En alimentación, esos cambios pueden ser especialmente sensibles. La industria trabaja con estándares de seguridad exigentes, procesos regulados, controles de calidad y cadenas de suministro complejas. Cualquier innovación debe convivir con requisitos sanitarios, trazabilidad, continuidad productiva y estabilidad del suministro.
La falta de talento especializado añade más dificultad. Incorporar IA o visión artificial requiere perfiles capaces de entender tanto la tecnología como la realidad industrial. El reto no está únicamente en contratar especialistas, sino en conectar perfiles técnicos con equipos de producción, calidad, compras, marketing e innovación.
El consumidor empuja la innovación
El principal motor de innovación no es tecnológico, sino de mercado. El 73,6% de los profesionales considera que los cambios en hábitos y demandas del consumidor son el factor que más impulsa la innovación alimentaria. La industria mira a la IA, pero la dirección del cambio la marca un consumidor que busca productos más saludables, personalizados y transparentes.
En el terreno científico, el 52,8% de los encuestados apunta a la biotecnología como el aspecto que más transformará la creación de nuevos productos. Le siguen la IA aplicada a investigación y desarrollo, con un 50%, y los nuevos ingredientes funcionales, con un 47,2%.
De cara a los próximos cinco años, la alimentación funcional orientada a la salud aparece como la principal tendencia de negocio y consumo, citada por el 54,2% de los profesionales. Después se sitúan la transparencia mediante etiquetado avanzado y trazabilidad, con un 40,3%; la nutrición personalizada, con un 36,1%, y la alimentación local y de proximidad, con un 34,7%.
¿Qué significa para el retail alimentario?
La transformación tecnológica de la industria alimentaria impacta directamente en el retail. Si los fabricantes mejoran previsión, control de calidad, vida útil y desarrollo de producto, los distribuidores pueden beneficiarse de surtidos más ajustados, menos mermas, mayor trazabilidad y una respuesta más rápida a cambios de consumo.
La IA también puede influir en cómo llegan las innovaciones al lineal. Reformular productos, validar beneficios funcionales, anticipar tendencias o adaptar formatos a nuevos hábitos son decisiones que afectan a categorías, marcas propias, promociones y posicionamiento en tienda.
Para supermercados y cadenas especializadas, contar con proveedores más digitalizados puede facilitar una gestión más precisa del surtido.
Pero el avance desigual también puede generar brechas. Los fabricantes con más capacidad inversora podrán automatizar antes, trabajar mejor el dato y lanzar productos con mayor rapidez. Los operadores más pequeños pueden quedar más expuestos si no encuentran fórmulas de colaboración, financiación o transferencia tecnológica que reduzcan las barreras de entrada.
En definitiva, la IA ya forma parte de la agenda competitiva de la industria alimentaria, pero su implantación dependerá de algo menos visible que la propia tecnología: la capacidad de absorber costes, cambiar procesos y formar equipos. Para el retail, el ritmo de esa transformación marcará la calidad del surtido, la eficiencia de la cadena y la velocidad con la que el sector responde a un consumidor que pide salud, transparencia y conveniencia.
