Carrefour España ha anunciado su adhesión a Re-Viste, el Sistema Colectivo de Responsabilidad Ampliada del Productor (SCRAP) orientado a la recogida y gestión de residuos textiles y de calzado en España. La incorporación se produce en un momento clave para el sector, con la recogida separada ya situada en el calendario regulatorio y con el desarrollo de nuevas obligaciones para quienes ponen producto textil en el mercado.
Para el retail, esto supone otro paso en la preparación de los grandes distribuidores ante un modelo en el que vender ropa, calzado o textil hogar implicará también asumir una parte más clara de su fin de vida.
Un movimiento con peso en la distribución
Carrefour se incorpora a una plataforma que reúne a algunos de los principales actores del textil, la moda, el deporte, el hogar y la distribución en España. Según la información difundida por la compañía, Re-Viste está integrada por Carrefour, Decathlon, El Corte Inglés, H&M, IKEA, Inditex, KIABI, Mango, Mayoral, Primark, Resuinsa, Sprinter/JD, Tendam y Vayoil.
Esta adhesión es importante por el perfil de Carrefour dentro del mercado español. La compañía combina alimentación, bazar, textil, comercio online y una amplia capilaridad física, con 204 hipermercados, 161 supermercados Carrefour Market, 1.193 Carrefour Express y 70 Supeco, según sus propios datos corporativos. Esa escala convierte cualquier ajuste en residuos, trazabilidad o recogida en un asunto de cadena de valor.
Qué es Re-Viste
Re-Viste se presenta como una herramienta colectiva para organizar la recogida, reutilización y reciclaje de textiles y calzado en España. El sistema nació en 2024 impulsado por Decathlon, El Corte Inglés, H&M, IKEA, Inditex, Kiabi, Mango y Tendam, con el objetivo de anticiparse al desarrollo de la Responsabilidad Ampliada del Productor en este flujo de residuos.
La lógica del SCRAP es agrupar a empresas sujetas a obligaciones similares para financiar y coordinar la gestión del residuo. En sectores como los envases, este tipo de sistemas ya forma parte de la arquitectura habitual del retail.
En textil y calzado, el desafío es mayor porque el residuo es heterogéneo, depende del estado de la prenda, mezcla fibras y acabados distintos y exige capacidades de clasificación, reutilización y reciclaje todavía en construcción.
La norma empuja el calendario
La Ley 7/2022 de residuos y suelos contaminados para una economía circular establece que las entidades locales debían implantar la recogida separada de residuos textiles antes del 31 de diciembre de 2024. Además, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico sometió a información pública en 2025 el proyecto de real decreto que regulará los productos textiles y de calzado y la gestión de sus residuos.
Ese proyecto busca concretar el régimen de Responsabilidad Ampliada del Productor para textil y calzado.
En la práctica, el cambio obligará a las empresas a medir mejor lo que ponen en el mercado, organizar su participación en sistemas colectivos o individuales y asumir costes vinculados a la recogida, clasificación, preparación para la reutilización y reciclaje.
Un reto de datos, costes y tienda
Para Carrefour, la adhesión implica prepararse en tres frentes. El primero es el dato: conocer volúmenes, categorías y flujos de producto será imprescindible para responder a las futuras obligaciones. El segundo es financiero, porque el coste de gestionar el residuo pasará a formar parte de la ecuación del negocio textil. El tercero es operativo, ya que la tienda puede ganar peso como punto de contacto con el consumidor para informar, recoger o derivar productos usados.
La distribución se enfrenta además a otr punto crítico. Y es que el consumidor demanda precios ajustados, mientras la regulación empuja hacia productos más duraderos, trazables y con menor impacto al final de su vida útil. En ese contexto, la circularidad textil obligará a revisar surtidos, materiales, proveedores, etiquetado y comunicación comercial.
La circularidad entra en el núcleo del retail
El movimiento de Carrefour confirma que la sostenibilidad textil está entrando en una fase más industrial. La pregunta ya no se limita a cuántas prendas se recogen, sino a quién paga el sistema, cómo se mide el residuo, qué parte se reutiliza, qué parte se recicla y qué infraestructuras necesita España para tratar ese volumen de forma eficiente.
Así, los grandes retailers están tomando posiciones antes de que el marco quede plenamente desarrollado. Quien avance ahora en trazabilidad, colaboración sectorial y gestión de residuos llegará con más margen a un escenario en el que la responsabilidad sobre el producto no terminará en la caja ni en el envío online, sino en todo su ciclo de vida.
