El K-Pop salta de las redes a las tiendas y convierte el fenómeno fan en consumo

El 14% de los españoles se declara fan del K-Pop y su afición se traduce en coleccionismo, compras recurrentes, viralidad y tráfico a tienda.
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MINISO

El K-Pop se ha convertido en algo más que una corriente musical para una parte creciente de los consumidores españoles. El 14% de la población nacional se declara fan de este fenómeno. Y, entre quienes forman parte de esa comunidad, la afición está estrechamente vinculada con el coleccionismo, las compras recurrentes, las tendencias en redes sociales y la visita a tiendas físicas, según el II Estudio MINISO sobre coleccionismo y fenómeno fan en España.

El estudio, elaborado en 2026 a partir de 1.000 respuestas con representatividad nacional y por zonas Nielsen, dibuja además un perfil que se aleja del estereotipo exclusivamente adolescente. La penetración del K-Pop alcanza el 19% entre las personas de 31 a 45 años, frente al 11% registrado entre quienes tienen de 18 a 30. A esa mayor presencia entre adultos se suma una relación intensa con el consumo: el 83% de los fans se considera coleccionista activo y más del 85% afirma destinar entre 20 y 100 euros mensuales a caprichos y productos en tendencia.

El consumidor fan adulto

Uno de los datos más destacables de este estudio para el retail está en la edad. Aunque el K-Pop suele asociarse a públicos adolescentes y jóvenes, MINISO sitúa su mayor penetración entre los consumidores de 31 a 45 años. El 19% de este grupo se identifica como fan, frente al 11% entre las personas de 18 a 30 años.

La diferencia cambia la visión comercial del fenómeno. Porque parte de esta comunidad se encuentra en una etapa vital con capacidad de gasto propia y hábitos de consumo consolidados. Para las marcas y retailers, eso amplía el campo de oportunidad más allá de productos dirigidos al público juvenil y permite conectar el fandom con categorías como moda, decoración, papelería o coleccionables.

MINISO señala además que existe paridad de género entre los seguidores y que el 91% valora positivamente la estética asiática. La música es el principal elemento de atracción hacia la cultura coreana entre los fans declarados de K-Pop, con un 83%, Pero en el conjunto de la población española la belleza coreana ocupa una posición más destacada, según los resultados difundidos por la compañía.

Del fandom al carrito de compra

El vínculo entre identidad y consumo aparece con claridad en el estudio. El 83% de los fans de K-Pop se define como coleccionista activo y más del 85% declara gastar entre 20 y 100 euros al mes en caprichos y tendencias. Y, aunque la encuesta no establece que todo ese presupuesto se dedique exclusivamente a productos relacionados con el K-Pop, sino al gasto en este tipo de compras entre personas que se identifican como fans, los productos de esta estética adquiridos por los seguidores de esta tendencia suelen ser mayoritarios.

Moda, coleccionables, decoración y papelería figuran entre las categorías que estos consumidores compran cuando un producto se vuelve viral o entra en tendencia. De esta forma, vemos cómo el comportamiento de una comunidad nacida alrededor de la música puede extender su influencia comercial hacia múltiples familias de producto.

Para el retail, el interés está en la capacidad del fenómeno fan para dar significado adicional a objetos relativamente cotidianos. Una libreta, una figura, un accesorio o una prenda pueden convertirse en elementos de identificación con una comunidad cuando incorporan determinados códigos visuales, personajes o referencias culturales. Porque el valor percibido depende tanto de la utilidad del producto como de lo que representa para quien lo compra.

Instagram y TikTok, claves para pasar de la tendencia a la compra

Las redes sociales ocupan una posición central en ese recorrido. Más del 80% de los fans encuestados utiliza Instagram y TikTok para mantenerse al día de las tendencias. Por su parte, el 57% comparte con frecuencia contenido relacionado con sus compras.

Ese comportamiento convierte a los propios consumidores en distribuidores de tendencias. Un lanzamiento puede aparecer en redes, generar contenido de unboxing o coleccionismo y alimentar nuevas búsquedas y compras entre otros miembros de la comunidad. La frontera entre descubrimiento, entretenimiento y comercio se estrecha especialmente en categorías asociadas a la novedad y a la posibilidad de completar colecciones.

La dinámica resulta especialmente visible en las cajas sorpresa o blind boxes. El 91% de los fans de K-Pop encuestados las considera divertidas y emocionantes. Su funcionamiento encaja con una cultura de compra basada en la sorpresa, el intercambio y la búsqueda de determinadas piezas. Y genera además un formato muy adaptable a vídeos y publicaciones en redes sociales.

La cultura digital también genera tráfico a la tienda física

Pero que el descubrimiento se produzca en redes no significa que la experiencia termine en una pantalla. El 54% de los fans afirma acudir expresamente a una tienda para disfrutar de la experiencia de compra, según MINISO.

El dato conecta dos espacios que a menudo se analizan por separado. Instagram y TikTok pueden detectar y amplificar una tendencia, pero la tienda física conserva valor como lugar donde encontrar el producto, comprobarlo, descubrir nuevas referencias y participar en una experiencia compartida con otros consumidores.

Para los retailers que trabajan con licencias, coleccionables o lanzamientos limitados, esta conexión permite utilizar el surtido como generador de visitas. La rotación de novedades, la presentación de colecciones, la disponibilidad limitada de algunas referencias y la experiencia asociada a formatos como las blind boxes pueden convertir una tendencia digital en tráfico físico.

La ola coreana extiende su impacto económico más allá de la música

El contexto internacional ayuda a entender la dimensión del fenómeno. La nota de MINISO recoge que los movimientos culturales coreanos generaron 19.000 millones de dólares en exportaciones en 2025 y que las exportaciones musicales aumentaron un 84% respecto a 2024, cifras atribuidas a un informe de la Fundación Coreana para el Intercambio Cultural Internacional y el Ministerio de Cultura, Deportes y Turismo y recogidas por The Straits Times.

La llamada ola coreana funciona como un ecosistema en el que música, estética, moda, belleza, entretenimiento y merchandising se alimentan entre sí. Una comunidad puede descubrir un artista, seguir contenidos en redes, adoptar determinados códigos visuales y terminar incorporando productos físicos a su forma de expresar esa pertenencia. Y ahí es donde el retail puede sacar partido de toda esta ola.

El fandom, nueva categoría de consumo

El caso del K-Pop muestra que las comunidades fan pueden convertirse en segmentos de consumo con comportamientos propios. El coleccionismo, la búsqueda de novedades, la viralidad y el deseo de expresar identidad generan oportunidades que atraviesan varias categorías y que pueden activar tanto el e-commerce como la tienda física.

Para el retail, la cuestión no está únicamente en vender merchandising relacionado con un grupo musical. Está en entender cómo funcionan estas comunidades, qué códigos comparten, cómo descubren productos y por qué determinados objetos adquieren valor dentro de ellas.

Cuando una comunidad combina identidad, coleccionismo, actividad en redes y disposición a visitar tiendas, el retailer tiene ante sí algo más que una tendencia cultural. Tiene un consumidor que conecta contenido y compra con rapidez y que espera encontrar en el producto una forma visible de pertenencia.

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