El recommerce? ya no tiene que demostrar que existe demanda. La segunda mano se ha incorporado al repertorio habitual de compra y venta de millones de consumidores, empujada por el ahorro, la sostenibilidad, el acceso a marcas, la búsqueda de piezas singulares y una relación más práctica con el presupuesto familiar.
La siguiente fase es menos visible, pero mucho más decisiva para el retail. La clave está en que marcas y retailers pueden operar ese canal con rentabilidad, integración y escala. Más allá de la demanda, que ya está claro que existe, la madurez del recommerce se juega en procesos como valoración, recompra, consignación, control de calidad, trazabilidad, stock unitario, logística inversa, e-commerce, tienda física y datos.
El hábito de la segunda mano
El Recommerce Report 2025 de eBay sitúa el cambio de hábito con claridad. La compañía afirma que el 89% de los consumidores encuestados a nivel global espera mantener o aumentar su gasto en productos pre-loved frente al año anterior. Además, el 81% cita el ahorro como una de sus principales motivaciones de compra, mientras que el 59% de la Generación Z y el 56% de los millennials prevén incrementar su gasto en este tipo de productos.
Ese dato ayuda a entender por qué el recommerce ha dejado de ser un territorio periférico. La segunda mano se activa por precio, pero también por hábito y por descubrimiento. Para muchos compradores, buscar una prenda, un accesorio, un producto deportivo o un artículo para el hogar en plataformas de reventa ya forma parte de una rutina de comparación antes de comprar nuevo.
La moda concentra buena parte de esa conversación. ThredUp estima que el mercado global de segunda mano en apparel? alcanzará los 393.000 millones de dólares en 2030 y crecerá dos veces más rápido que el conjunto del mercado de moda. Su informe también apunta a que la siguiente etapa dependerá de la capacidad para desbloquear oferta y usar tecnología que conecte mejor inventario y demanda.
La escala es real
Vinted es la prueba más clara de que el recommerce puede operar con lógica de gran plataforma. La compañía cerró 2025 con 10.800 millones de euros de GMV?, un 47% más interanual, 1.100 millones de ingresos y 62 millones de beneficio neto. También siguió invirtiendo en logística, pagos, expansión geográfica y nuevas categorías, con deportes y coleccionables entre las áreas de crecimiento.
La propia Vinted ha puesto cifras al peso del precio dentro de su propuesta. Según su análisis de impacto, sus miembros ahorraron 21.600 millones de euros en moda adulta en 2025 frente al precio original de venta de producto nuevo. Y el precio medio de los artículos de moda en la plataforma fue un 72% inferior al precio original. La compañía también señala que el 88% de sus compradores consulta Vinted antes de comprar algo nuevo.
Pero centrar todo el fenómeno en Vinted se queda corto. Lo interesante para el retail tradicional es que las plataformas han construido liquidez, confianza, pagos, recomendación, logística y frecuencia. Esa infraestructura cambia las expectativas del consumidor. La segunda mano es, cade vez más, un canal con reglas propias.
Lo difícil empieza dentro del retailer
Para una cadena tradicional, operar recommerce no consiste en añadir una pestaña de segunda mano al e-commerce. El producto usado no funciona como el producto nuevo. Cada artículo puede tener estado, desgaste, procedencia, historial, precio y margen distintos. Eso obliga a gestionar el inventario por unidad, no por lotes estandarizados.
Ahí aparece el verdadero reto operativo. Un retailer necesita decidir cómo acepta producto usado, quién lo valora, qué criterios de calidad aplica, si lo compra directamente o lo recibe en consignación, cómo lo fotografía, cómo lo etiqueta, dónde lo almacena, qué garantía ofrece, cómo gestiona devoluciones y cómo calcula el margen después de revisar, reparar, reacondicionar y revender.
También debe resolver quién lidera el canal dentro de la organización. El recommerce toca e-commerce, sostenibilidad, operaciones, tienda, tecnología, atención al cliente, finanzas y marketing. Si queda alojado únicamente en un equipo reputacional o como piloto aislado, es difícil que llegue a unidad de negocio. Pero si se integra en la operativa, puede aportar tráfico, fidelización, datos de valor residual y una relación más larga con el producto.
La tienda física, una ventaja
Las plataformas puras han demostrado escala digital, pero los retailers cuentan con un activo difícil de copiar: la red física. Las tiendas pueden captar producto usado, generar confianza, revisar artículos, explicar el valor de recompra, entregar pedidos, recibir devoluciones y acercar la segunda mano a compradores que todavía prefieren una validación presencial.
Decathlon ofrece un ejemplo claro de esa lógica. Su servicio Buy Back permite obtener una estimación online, llevar el producto deportivo a tienda para una inspección final y recibir el pago mediante tarjeta regalo o transferencia. La compañía explica que los productos de segunda mano se revisan por sus equipos de taller y que algunas categorías requieren criterios específicos de aceptación.
Inditex también ha incorporado la circularidad a su relación con el cliente a través de Zara Pre-Owned, una plataforma lanzada en 2022 que ofrece reparación, venta entre particulares y donación de prendas, disponible en 16 mercados europeos y en Estados Unidos. Además, el grupo permite depositar ropa, calzado y accesorios usados en tienda mediante acuerdos con entidades especializadas en reutilización y reciclaje.
Tecnología para convertir piezas únicas en negocio
La tecnología está empezando a ocupar un papel central en esta fase. La inteligencia artificial puede ayudar a catalogar productos, estimar precios, detectar estado, recomendar artículos y conectar oferta dispersa con demanda concreta. Pero la escala no depende únicamente de mejores algoritmos. También exige procesos de tienda, incentivos para el personal, integración con CRM?, sistemas de inventario y reglas claras de responsabilidad.
Están apareciendo soluciones específicas para llevar la segunda mano al comercio unificado. Por ejemplo, Orisha Commerce, a través de Openbravo Second-Hand, plantea funcionalidades como referencia de producto unitario, atributos personalizables sobre estado, fotos y procedencia, catálogo online en tiempo real, precios dinámicos, depósito iniciado online y finalizado en tienda, registro de identidad, trazabilidad de transacciones y gestión reglamentaria.
La aparición de este tipo de herramientas refleja una evolución importante. Porque el recommerce necesita arquitectura. Sin sistemas capaces de unir tienda, e-commerce, inventario, cumplimiento normativo y datos de cliente, muchos proyectos corren el riesgo de quedarse en campañas puntuales difíciles de escalar.
Regulación en circularidad
El contexto europeo añade otro debate. La revisión de la Directiva Marco de Residuos entró en vigor el 16 de octubre de 2025 e introduce normas comunes de responsabilidad ampliada del productor para textiles y calzado.
La Comisión Europea señala que los productores deberán pagar tasas por los productos que pongan en el mercado y que esos fondos financiarán recogida, gestión, reutilización, preparación para la reutilización, reciclaje y eliminación.
Esto convierte el recommerce en algo más que una oportunidad comercial. Para muchas compañías, la reparación, la reutilización, la reventa y la gestión del final de vida del producto empiezan a formar parte de una respuesta defensiva ante nuevas obligaciones regulatorias y ante un consumidor que espera más durabilidad y transparencia.
