La información que fabricantes y distribuidores utilizaban para controlar internamente sus cadenas de suministro empieza a llegar al teléfono del comprador. Ingredientes, productores, fábricas, fechas, lotes, certificaciones y recorridos logísticos aparecen cada vez con más frecuencia detrás de un código QR o en plataformas públicas de transparencia.
Esta tendencia reúne iniciativas con alcances muy distintos. Algunas marcas ofrecen contenidos generales sobre la elaboración de un producto, mientras otras conectan la consulta con un lote concreto o registran cada movimiento de una materia prima. La futura extensión del pasaporte digital de producto europeo añadirá requisitos comunes, pero todavía no existe un mismo grado de detalle, validación y acceso en todas las categorías.
La trazabilidad sale del back office
Una de las iniciativas puesta en marcha en este sentido es la de Amway, marca de nutrición, belleza, cuidado personal y del hogar. Cuenta con una herramienta de trazabilidad para productos de sus marcas Nutrilite y Artistry que ya funciona a nivel internacional.
La plataforma permite elegir una referencia y consultar cinco etapas de su creación: ciencia, ingredientes, producción, pruebas y controles, y diseño y gestión de residuos. También muestra ubicaciones de fabricación y envasado mediante fotografías, vídeos y un mapa interactivo.
En alimentación, seguimiento por lote
En España, vimos cómo Lidl incorporó un QR a su AOVE Primera Cosecha, conectado a un sistema blockchain? desarrollado con Izertis. La consulta incluye la procedencia, el método de cultivo, la ubicación y la historia de los olivares, una nota de cata y un mapa con el recorrido del aceite hasta la almazara.
Por su parte, el proyecto Aliver de la Comunidad de Madrid, desarrollado con IMIDRA, UCAM, CSIC y Alcampo, permite consultar la fecha de cosecha, el número de lote, la variedad, el origen y la distancia recorrida por frutas y verduras de proximidad. El etiquetado se realiza en el centro logístico Madrid Rural y utiliza tecnología de registro distribuido de bajo coste.
Otro ejemplo es el caso de Mowi, que aplica códigos QR a productos de su marca para mostrar la cadena de suministro del salmón. La compañía vincula esta capacidad con el control de su actividad de extremo a extremo y ofrece datos como la cepa del huevo, el lugar de producción marina, las fechas de eclosión, cosecha y envasado, la temperatura del mar, las vacunas y los tratamientos.
Tony’s Chocolonely utiliza BeanTracker para registrar los movimientos del cacao entre las cooperativas y la producción de chocolate. La marca afirma trabajar con cacao totalmente trazable y conocer la cooperativa de procedencia. Los participantes de la cadena introducen en la plataforma los volúmenes recibidos, almacenados y enviados, un ejemplo que también muestra que la calidad del registro depende de cómo se aportan y comprueban los datos.
Pero es Carrefour quien constituye un verdadero precedente dentro de la distribución alimentaria. Su programa de blockchain alimentario permite que productores, transformadores y distribuidores incorporen información sobre un mismo lote. Mediante el QR, el comprador puede conocer el origen, el productor, los métodos empleados y las etapas recorridas por determinadas referencias hasta su llegada al lineal.
La moda abre sus fábricas al público
La moda avanza con otro modelo. Por ejemplo, Mango publica información sobre 461 proveedores y más de 2.700 fábricas declaradas de producto acabado, tejidos, fornituras e hilaturas. La compañía permite filtrar instalaciones por país y consultar datos de algunos fabricantes.
Esta apertura ofrece una visión corporativa de la cadena de suministro, aunque no implica que el comprador pueda seguir necesariamente la fábrica y el recorrido de cada prenda.
El QR gana funciones
El avance de los códigos bidimensionales amplía las posibilidades de la trazabilidad de producto. GS1 ha fijado como objetivo para finales de 2027 que los puntos de venta puedan leer y procesar el identificador GTIN tanto en códigos lineales como bidimensionales. La transición es voluntaria y puede requerir cambios de software y equipos, por lo que no supone la desaparición inmediata del código de barras tradicional.
Los nuevos códigos pueden incorporar identificadores de lote, números de serie, fechas de producción o caducidad y enlazar contenidos sobre origen, alérgenos, certificaciones, nutrición y reciclaje.
Para el retailer, esa capacidad puede mejorar las retiradas selectivas, bloquear productos caducados, reducir intervenciones manuales y ofrecer información distinta según el usuario, sin cargar todos los datos directamente en el envase.
Europa establece una identidad digital común
La Comisión Europea define el pasaporte digital de producto como una identidad digital para productos, componentes y materiales. Dependiendo de la categoría, podrá almacenar información sobre origen, materiales, seguridad, reparación, comportamiento ambiental, reutilización y reciclaje. El acceso se realizará mediante un soporte digital, como un QR, con distintos permisos para consumidores, empresas, reparadores, recicladores y autoridades.
El registro europeo del pasaporte digital de producto ha entrado en funcionamiento este pasado 20 de julio. Determinadas baterías, entre ellas las de vehículos eléctricos, medios de transporte ligeros y usos industriales, serán el primer grupo obligado a partir del 18 de febrero de 2027. El textil figura entre los sectores prioritarios, con requisitos sectoriales previstos en el calendario indicativo para 2027. Pero esto no significa que el pasaporte digital de producto sea ya obligatorio para todos los artículos vendidos en Europa.
La transparencia depende de quién valida el dato
Blockchain, los registros distribuidos y los códigos QR pueden proteger el historial de una información o hacerla accesible, pero no prueban por sí mismos que el dato original sea correcto. Es necesario distinguir entre información declarada por una empresa, documentación certificada, datos comprobados por terceros y registros asociados a un lote real. La transparencia exige identificar quién introduce la información, qué controles se aplican y si existe una auditoría independiente.
Para marcas y retailers, la trazabilidad de producto comienza a formar parte de la propuesta comercial. Puede respaldar atributos como proximidad, origen o circularidad, diferenciar la marca propia y mejorar la respuesta ante incidencias.
El pasaporte digital de producto dará una estructura más común a este proceso. La competencia incorporará así una nueva dimensión, demostrar con datos de dónde procede cada artículo, quién lo ha fabricado y qué recorrido ha seguido.
