La confianza del consumidor español se deteriora

Kantar detecta más cautela ante gasto, ticket medio y compras discrecionales, con alimentación y básicos como categorías más protegidas.
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La confianza del consumidor español entra en una fase más cauta. El informe Panorama by Kantar correspondiente al primer trimestre de 2026 señala que la percepción del presente se mantiene relativamente estable. Pero las expectativas para los próximos meses se deterioran considerablemente por el aumento de la incertidumbre geopolítica y la desaceleración económica.

Para el retail, se trata de un aviso. El consumidor no aparece hundido en su situación actual, pero sí más prudente ante lo que viene. Esa diferencia puede traducirse en una menor predisposición a compras discrecionales, una mayor sensibilidad al precio, más comparación entre enseñas y una defensa más intensa del gasto esencial.

Según Europa Press, las perspectivas sobre la economía personal y familiar a seis meses vista descienden 17 puntos, en un contexto en el que Kantar también detecta un empeoramiento del momento de compra en la mayoría de las categorías.

El presente resiste, el futuro preocupa

El Índice de Confianza del Consumidor de Kantar registra una leve caída y se sitúa en -5,6. El informe subraya que el descenso no alcanza la intensidad observada en otros episodios de choque, como la guerra de Ucrania o el conflicto en Gaza. Pero sí marca un cambio de tono con respecto a los trimestres anteriores.

La preocupación se concentra en la mirada a corto plazo. En la economía española, la valoración actual se mantiene estable y en terreno negativo, mientras que la valoración a seis meses cae hasta niveles que Kantar no observaba desde el segundo trimestre de 2022.

El informe atribuye esta desconfianza a la incertidumbre sobre la evolución del conflicto en Oriente Próximo y a su posible impacto económico, más que a un empeoramiento inmediato de las condiciones actuales.

La misma pauta aparece en los hogares. La situación económica actual de las familias mejora ligeramente, pero la expectativa a seis meses se vuelve más negativa. Kantar vincula este giro a la previsión de más inflación y a una moderación del crecimiento del PIB. Para las empresas de retail, esto dibuja un consumidor que aún compra, pero que empieza a gestionar el gasto con más prevención.

La capacidad de gasto no se rompe

El deterioro de la confianza no significa que el consumidor español haya perdido por completo capacidad de compra. Kantar señala que el 76% de los consumidores declara poder afrontar sus gastos mensuales. Es una proporción sin grandes cambios con respecto al año anterior. Aun así, uno de cada cinco sigue teniendo dificultades para llegar a fin de mes.

También se mantiene la capacidad de ahorro. Según el informe, ocho de cada diez consumidores dicen tener margen para ahorrar y el 63% mantiene o incrementa sus ahorros. La diferencia está en el comportamiento: aumenta el peso de quienes ahorran todos los meses y baja el de quienes lo hacen de forma ocasional. Ese patrón apunta a un consumidor que intenta ordenar sus finanzas antes de que el entorno empeore.

El empleo añade otra señal de cautela. El 47% de los encuestados cree que el desempleo crecerá en el próximo año, ocho puntos más, aunque solo el 7% percibe riesgo de perder su propio empleo.

La brecha entre la preocupación general y la amenaza personal ayuda a explicar por qué el consumo no se paraliza, pero sí puede volverse más selectivo.

Presión para las categorías discrecionales

La lectura más directa para el retail aparece en la valoración del momento de compra. Kantar analiza nueve categorías y treinta subcategorías, y detecta una caída generalizada frente al trimestre anterior. Las mayores correcciones se producen en productos financieros, ocio, hogar y tecnología, mientras que la cesta básica y los seguros muestran mayor estabilidad.

Sólo el 20% de los consumidores considera que es buen momento para contratar productos financieros, seis puntos menos. En ocio, la valoración positiva baja al 32%; en hogar, al 35%; y en tecnología, al 31%, con caídas de cinco puntos en los tres casos. La cesta básica queda en el 45%, tres puntos menos, pero conserva una posición más resistente. Las grandes compras se mantienen en el 16%, un nivel muy bajo que confirma la cautela ante desembolsos de mayor importe.

En el detalle, alimentación alcanza un 46% de valoración positiva como momento de compra, productos de droguería y limpieza del hogar un 49%, belleza un 43% y ropa o complementos un 40%. En cambio, vacaciones largas o cruceros quedan en el 18%, coche o moto en el 16% y primera vivienda en el 12%.

Por lo tanto, la distancia entre necesidades recurrentes y gasto aplazable vuelve a ser el eje de la decisión.

Alimentación, un gasto protegido

El dato más defensivo del informe está en las categorías que el consumidor intenta preservar. Kantar pregunta en qué gastos no recortaría aunque ajustara en otros ámbitos, y el 69% cita alimentación o supermercado. Energía, agua y suministros del hogar aparecen a continuación, con un 29%. Muy por detrás quedan productos del hogar, entretenimiento, bebidas, telefonía, viajes, transporte, moda, tecnología y banca.

Esto confirma una prioridad clara para la distribución alimentaria: el cliente seguirá comprando básicos, pero no necesariamente de la misma forma. La presión puede desplazarse hacia marca de distribuidor, formatos de ahorro, promociones, packs familiares, surtidos más racionales y comparación de precios entre cadenas. La alimentación mantiene frecuencia y relevancia, pero la batalla por el ticket será más intensa.

Para moda, tecnología, hogar y ocio, el reto es distinto. Son categorías más expuestas al aplazamiento, al descuento y a la búsqueda de justificación de compra. La propuesta comercial tendrá que trabajar mejor el valor, la financiación, la utilidad y la confianza. En un entorno de cautela, el consumidor puede seguir comprando, pero pedirá más razones para hacerlo ahora.

La confianza también afecta a nuevas marcas

El informe incorpora además un foco sobre marcas de origen asiático. La apertura existe, pero es desigual: el 32% consideraría comprar un teléfono móvil de una marca asiática, el 25% ropa o moda y el 19% un coche. La resistencia es mayor en automoción, donde más de la mitad de los consumidores descarta directamente esta opción.

Las barreras principales son la desconfianza sobre calidad o durabilidad, citada por el 29%, y las dudas sobre servicio posventa o garantías, con un 19%. Para retailers y marcas, el dato refuerza una idea clave: cuando el consumidor se vuelve prudente, no sólo mira precio. También exige garantías, servicio, reputación y menor riesgo percibido.

Aviso para el retail

El deterioro de la confianza funciona como aviso temprano, no como señal de frenazo inmediato. El consumidor español conserva capacidad de gasto y ahorro, pero mira el futuro con más cautela. Para el retail, esto exige ajustar surtido, precios, promociones, financiación, comunicación y experiencia de compra antes de que la prudencia se convierta en menor conversión o en tickets más bajos.

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